Fortalezas
Jueves 27 de abril 2006
Lizzet Loyola
Sociedad
Un amigo me dijo no hace poco que me cree una protectora de los débiles y desvalidos, esto lo dice debido a mi afición de recoger perros de la calle y buscarles casa (que fascina y molesta a mi mamá dependiendo de la limpieza del animalito) y a que se me rompe el corazón cada vez que veo un niño trabajando en la calle. Y un podría pensar que los niños y los animales realmente son débiles por lo fácil que es maltratarlos, golpearlo, lastimarlos; por su inocencia y sus cuerpos pequeños y su exposición tan simple a los maltratos de la sociedad.
Más que protectora de los débiles yo me siento su cautiva, me atrapan esos ojos grandes y sicneros que muestran dolor pero más que nada muestran una fortaleza admirable y me demuestra que los verdaderos débiles somos nosotros. Anoche tuve un dolor de estómago que no me permitó dormir y me tuvo dando vueltas toda la noche, definitivamente me noqueo. Sin embargo estos niños sobreviven por días ( e nrealdiad por casi toda su vida) de frituras, comida chatarra, agua encharcada o de aire; cuantos días no andaran por la vida con dolor de estómago, con gripe, enfermos y aun así salen a trabajar a buscar su sustento diario a recorrer la ciudad como si nada. Así es ellos son los fuertes los que soportan todo, hambre, golpes, abusos, frío, soledad, desprecio y el constante paso de la sociedad que trata de frenar su fuerza y de pisotearlos e ignorarlos.
Esta misma fortaleza la ha observado Víctor Inzúa, de la Escuela Nacional de Trabajo Social, durante dos años de investigación y es por esto que ha propuesto una serie de planteamientos que permitiría regular el trabajo de estos niños y jóvenes y abrirles nuevas oportunidades en la vida. Y los cambios que proponen no tiene como fuerza motora a la sociedad sino a los mismos niños. Buscando formalizar su trabajo y que esto no sólo les de mejores rendimientos a ellos, sino que ayude también a educar a la sociedad sobre los derechos laborales de estos niños que de una forma u otra mueven los engranes de esta ciudad.
Lizzet Loyola
Sociedad
Un amigo me dijo no hace poco que me cree una protectora de los débiles y desvalidos, esto lo dice debido a mi afición de recoger perros de la calle y buscarles casa (que fascina y molesta a mi mamá dependiendo de la limpieza del animalito) y a que se me rompe el corazón cada vez que veo un niño trabajando en la calle. Y un podría pensar que los niños y los animales realmente son débiles por lo fácil que es maltratarlos, golpearlo, lastimarlos; por su inocencia y sus cuerpos pequeños y su exposición tan simple a los maltratos de la sociedad.
Más que protectora de los débiles yo me siento su cautiva, me atrapan esos ojos grandes y sicneros que muestran dolor pero más que nada muestran una fortaleza admirable y me demuestra que los verdaderos débiles somos nosotros. Anoche tuve un dolor de estómago que no me permitó dormir y me tuvo dando vueltas toda la noche, definitivamente me noqueo. Sin embargo estos niños sobreviven por días ( e nrealdiad por casi toda su vida) de frituras, comida chatarra, agua encharcada o de aire; cuantos días no andaran por la vida con dolor de estómago, con gripe, enfermos y aun así salen a trabajar a buscar su sustento diario a recorrer la ciudad como si nada. Así es ellos son los fuertes los que soportan todo, hambre, golpes, abusos, frío, soledad, desprecio y el constante paso de la sociedad que trata de frenar su fuerza y de pisotearlos e ignorarlos.
Esta misma fortaleza la ha observado Víctor Inzúa, de la Escuela Nacional de Trabajo Social, durante dos años de investigación y es por esto que ha propuesto una serie de planteamientos que permitiría regular el trabajo de estos niños y jóvenes y abrirles nuevas oportunidades en la vida. Y los cambios que proponen no tiene como fuerza motora a la sociedad sino a los mismos niños. Buscando formalizar su trabajo y que esto no sólo les de mejores rendimientos a ellos, sino que ayude también a educar a la sociedad sobre los derechos laborales de estos niños que de una forma u otra mueven los engranes de esta ciudad.

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